jueves 15 de diciembre de 2011

viernes 18 de enero de 2008

Relato incompleto

Todo empezó un día de verano. La gente se agolpaba en una esquina donde proporcionaban entradas gratuitas para el certamen de cine que, a pesar de no gozar del reconocimiento que luego obtendría, ofrecía una vía de escape a la monotonía que la ciudad de Las Palmas emitía al compás de cada uno de sus rayos solares permanentes y rotundos.

Todo transcurría con absoluta normalidad hasta que Wilson sopesó la idea de obtener alguna recompensa de ese estado de quietud que todos aceptaban con resignación y pasividad. Un estado de ánimo que no llegaba a compartir con el resto de sus conciudadanos, amables y simples personajes que se subyugaban ante la orden del día a día.

Él quería romper con sus hábitos de actuar como una mera pieza de ajedrez con movimientos repletos de alevosía que le conducían a adoptar una vida “normal” y sin sentido. Divagaba por los senderos paralelos personales que evadían su mente de lo común. Él construía su vía de escape, su salida de emergencia que convertía su realidad en surrealidad y entretenimiento.

A pesar de que siempre lo acusaron de estar en las nubes, característica íntima que lo llevó a una experimentación incansable con el medio en el que interactuaba, se convencía asimismo de que él estaba hecho de una madera diferente. Circunstancia que nunca llegaron a reconocer sus vecinos, seres pueblerinos que lo tachaban de raro y abstraído.

Por fortuna, Wilson poseía una personalidad tan robusta, que se mostraba ante toda esa superficialidad como una auténtica roca, un témpano de hielo totalmente acorazado, fuerte, tosco… en definitiva, un ser protegido e impermeable. Pero claro, su juventud e inexperiencia le impedían conocerse hasta ese punto. Siempre gestó en lo más profundo de su ser un sentimiento de inferioridad. Quizás no de inferioridad, pero sí de inseguridad. A decir verdad, posiblemente era esa inestabilidad suya la que le hacía reconsiderar todos esos caminos de huída (hasta el momento inexplorados) con los que soñaba. Nunca recibió ninguna educación predilecta a pesar de ser el único descendiente varón de la familia. En aquel entonces, eran los varones los que perpetuaban la estirpe del apellido paterno. Eso significaba mucho más que unos simples apellidos. Sin embargo, había algo en él, algo que nadie más que él sentía, que le obligaba a estar intranquilo y a distanciarse de lo banal.

Pensaba que estábamos juntos

Pensaba que estábamos juntos… que íbamos a la par.

Por algún motivo, me distancio, me aíslo, me encierro.

Es precisamente ahora cuando pienso en todo; en nada.

Me dejo llevar con la esperanza de que el día termine aportándome alguna conclusión.

El bienestar que me proporcionan las drogas me hace sentir especial. El tiempo avanza, pero creo que tengo la autoridad necesaria como para detenerlo.

La noche es mágica y recuerdo. A pesar de estar solo, mantengo esa sonrisa pícara en la gente que quiero, la que verdaderamente me acompaña en mi memoria sincrónica.

Y sé que no es en vano, al pensar en ellos creo una energía intangible que me despacha una relación secreta entre mi subconsciente y sus sueños. Aunque no lo sepan, la gente que quiero está vigilada, protegida… es decir, conmigo. Este seguimiento no se paga con dinero. Cada gesto, cada idea compartida, cada risa, ya tonta, ya meditada, me atrapa y experimento una sensación de dependencia hacia ustedes ¿Cómo eternizar nuestro encuentro? ¿De qué manera se permite retener este buen sabor? Ustedes son en los que pienso cuando me hundo en mi soledad, porque así la extermino. Ella no puede conmigo porque tengo inmunidad diplomática bien avalada.

¿Se desvanece realmente todo aquello en lo que creemos? Si somos ceniza ¿por qué coño existimos? ¿Por qué sigo aquí rascándome la cabeza pensando en algo que escribir?

Verdaderamente les quiero. Sin ustedes no soy nada. Un gran beso infinito para todos.

Relatos de un colocado.

27/05/06

No me toques que te atizo

Nadie más que yo sabía cómo me sentía realmente. Cada segundo que pasaba me carcomía por dentro. Sé que mi hermetismo aparente impedía que cualquier atisbo de mi descontrol emocional se colara en el momento y tomara parte de él. Sin embargo, lo deseaba. Sí, explotar y dar la nota, hacerles saber que habían despertado a la bestia que habitaba en el rincón olvidado de mi cólera. Mi estado de ánimo pendía de un hilo, a punto de estallar en cualquier momento. Tan sólo yo me percataba de mi inquietud que, aunque escandalosa, para los demás pasaba desapercibida. Sentía una bola de fuego en las manos que no podía pasar a nadie. Me hervía la sangre y quería gritar, salir de mí. Comprender lo que me ocurría desde una perspectiva objetiva era para mí la manera más inteligente de escapar del pánico que me subyugaba. Pero no, seguía enfrascado en mi…

Masque at home

26/01/07

Ya llega la noche de nuevo y, aunque algo inquieto, probablemente no haré nada. Dejaré que pase este momento como cualquier otro segundo de mi vida. Empequeñecido en mi cuarto. Aguantando el aburrimiento.

Quizás suene mi teléfono ¿Algún plan para el viernes noche?

Sin dinero y sin coche, me da que no.

Me da la sensación de estar encerrado, sobre todo cuando los demás andan por casa. Ya no me corresponde este contexto y lo sé. Desencajado, exhalando una bocanada de meditación y esperando tiempos de plenitud, tan soñados…

Al menos mañana iré a trabajar, algo por lo que sentirse satisfecho. Sé que debo tener paciencia, a pesar de mi desesperación por conocer otra cara de mi vida que sin duda es posible... vendrán tiempos mejores, seguro.

Mi espíritu hasta ahora siempre vivo me dice que me auguran etapas de entendimiento personal y de autorrealización.

Ahora vuelvo de comprar una birra con la que pasar el rato. Compartí un par de palabras con las señoras de la tienda al escuchar que la cajera le decía a una vecina: “a ver si te sale eso pa que puedas descansar…”, a lo que la cliente, de edad y clase media, respondió con un tono de resignación: “sí, es que mi niña, tenemos que buscarnos la vida por donde sea, estos sueldos no dan para nada”. Yo, aventurándome y sin saber realmente de lo que hablaban, me decidí a intervenir, “la cosa está muy mal, yo creo que por algún lado esto va estallar”. En ese momento, esa señora que yo no había visto nunca en la tienda me dedicó una asertiva mirada mientras yo casi ya me iba. “Los mileuristas dicen ahora” terminé y me fui. Sin embargo, de soslayo pude observar que aquella mujer pasaba muchas noches en vela pensando, quizás no se sentía vinculada a ese nuevo concepto producto de la globalización. Tal vez ni lo había oído jamás, pero lo más probable es que su situación fuera como la de la mayoría de la sociedad occidental…

miércoles 19 de diciembre de 2007

alone

The very last version. I hope u like it!

test from tonacka on Vimeo.